Somos responsables. Desde el lugar donde nos toque estar paradxs, lo somos. Un fin de semana que golpeó duro a la escena cordobesa, que nos expone ante el amarillismo de los medios y vuelve a ponernos en el centro del huracán de la demonización.

Una tragedia que puso en relieve lo que se quiso ignorar. Un juicio confirmado con argumentos estigmatizantes. Los medios masivos haciendo su clásico show sensacionalista con periodistas que vierten opiniones dignas de sus conservadurismos. En las redes sociales, están quienes reparten culpas y quienes defienden las estructuras siniestras que hace rato se cuestionaban.

Mucha tela se tiene que cortar de lo sucedido este fin de semana. Y debemos hacernos cargo, porque esas responsabilidades están en todxs. La primera, para con unx mismx y sobre todo en materia de consumo. La información es parte de la responsabilidad y abogar por el acceso a ella es una imperiosa necesidad.

Ante un Estado que invierte millones en combatir el narcotráfico y muy poco en prevención real, es necesario defender que podamos brindar y acceder a la información adecuada para prevenir sucesos como estos. Y cuando nos referimos a “adecuada”, es sin el sesgo punitivista y prohibicionista con el que se difunde, donde se intenta más asustar en vez de reducir los riesgos del consumo. Hace rato que los resultados están demostrando que la política que hoy se lleva no está siendo exitosa para nada.

Quienes consumen sin una conciencia aumentan indudablemente estos riesgos, poniendo en peligro la vida propia y la de lxs demás. Y no solo de quienes le rodean. Jugar con la peligrosidad latente termina en tal espantoso resultado: un chico de 20 años fallecido y una escena local que se divide entre la consternación, la reflexión y quienes solo disparan juicios de valor sin aportar constructivamente.

Camino a 60 Cuadras (El Doce)

Resultado del “aguante”

Pecar de necio sería quedarse en que lo sucedido en una quinta de Camino a 60 Cuadras fue producto solamente de una irresponsabilidad individual. Sería negar que la organización nunca jugó también su rol en todo. Esto es resultado no solo de quienes lucran desmedida y descaradamente con los excesos, sino también de promoverlos y no tomar las medidas adecuadas para evitar estas cosas.

Luego de los tristes antecedentes que pesan desde la tragedia en la Time Warp, incluso uno anterior en un after en las sierras cordobesas, se tomaron muchas medidas. Entre ellas, la obligatoriedad de puestos sanitarios y de hidratación acordes a las circunstancias en las que se enmarcan, legalmente y habilitados, los eventos masivos.

Todo esto, lógicamente, no iba a estar adecuado en una organización que se jactaba constante y públicamente de desafiar a las autoridades contraloras. La invencibilidad con la que jugaban ante los municipios, la Justicia y las fuerzas de seguridad tampoco era casual. Cobrar entradas al mismo precio que cobra un boliche habilitado (que si cubre los costos exigidos por las leyes y ordenanzas) no era en lo más mínimo para asegurar, aunque sea, las prevenciones mínimas.

«Yo fui al lugar porque nadie sabía cómo llegar, ni la Policía. Eso me hace mucho ruido. Que tengan tanta movida y que ni la Policía ni el jefe comunal no lo sepan«, aseguró el padre del joven en El Doce, dando a entender que hubo fallas en el control de las autoridades, por lo que la investigación deberá adentrarse en si fue por acción u omisión.

Vender una primacía entre lo ilegal, mofarse del poder y creer tenerlo. Hay que reconocerlo: tampoco lo hubiesen logrado sin el apoyo del público que pagando su entrada avalaban todo esto. Más preocupante se torna cuando alguien lo hacía sabiendo lo que implicaba hacerle el “aguante” a estas negligencias.

Nos seguirán cayendo

“Es de conocimiento público y notorio que los asistentes a esa clase de fiestas tienen entre sus expectativas de la noche consumir estupefacientes (pastillas de éxtasis, cocaína o bien, fumar marihuana), haciéndolo dentro del local (o ingresando habiendo ya consumido). Contravenir aquella realidad, consabida por la generalidad de las personas, es una ingenua negación que no resiste el menor análisis”.

Eso dice uno de los párrafos de la resolución que justifica a la jueza de Control N° 4 Anahí Hampartzounian para llevar a juicio a los organizadores de Buenas Noches Producciones por la muerte de Tania Abrile en julio de 2016, en el Orfeo Superdomo. Uno de los principales argumentos de las imputaciones es por haber contratado a un médico que ejercía la profesión de manera ilegal. Lo mismo que sucedió ayer, donde se suma una cuota de inhumanidad por dejar abandonada a la víctima en la puerta de un hospital.

Y la letrada así lo dice: muy duramente y con un sesgo estigmatizante. Y con lo sucedido este fin de semana, mucho más difícil se vuelve a poner el constante e incansable trabajo que todo un movimiento cultural está haciendo para revertir esas miradas.

La noticia trascendió notablemente en los medios locales (Captura de pantalla)

Los medios de comunicación masivos, teniendo la cancha abierta a seguir denotando amarillismo y puro sensacionalismo, para llenar a sus audiencias de los prejuicios que por la televisión, las radios y los diarios les están sirviendo en bandeja. Pero porque una vez más se llegó al punto en el que se terminó permitiendo que se les den los motivos para hacerlo.

En tanto, el próximo fin de semana se desarrollarán en Córdoba las dos fechas más importantes del año para la escena electrónica argentina. Con los antecedentes de todo lo que sucedió en las últimas 72 horas y de cómo fueron los operativos en los dos años anteriores, se vienen días donde habrá una persecución desmedida contra cualquier evento de música electrónica que se realice en lugares sin habilitación o después de las cinco de la mañana.

Sí, solo con los de música electrónica serán imbatibles. Al menos dentro de la Capital. Nos abramos al debate y la reflexión porque una vez hay un daño muy fuerte que debemos trabajar entre todxs.

Primero, en la responsabilidad individual y colectiva junto a quien está a la par nuestra. Segundo, en lo que debemos exigir, pensar y replantear en torno a los eventos que elegimos consumir. Tercero, en cuidar este movimiento que elegimos siempre, por encima del jolgorio. La música es la vía y lo único que debemos defender es a la escena.